El confinamiento reduce, reduce nuestro espacio de acción, nuestras proyecciones. La mirada se torna hacia dentro; en dirección a nuestros suenos, nuestras aptitudes y talentos. Es un tiempo de crisis, que nos conduce hacia el centro de nosotros mismos. Durante el confinamiento han pasado no obstante muchas cosas. Todos hemos cambiado. En los Estados Unidos tiene lugar en estos momentos uno de los cambios sociales más importante del momento: la rebelión de las clases más oprimidas por el racismo y la discrimininación.
En los países latinoamericanos, Covid 19, muestra la debilidad del Estado y se ceba en los más pobres y débiles. En Europa, países como Italia, Francia y Espana se enfrentan a una actitud insolidaria por parte de los „modélicos“ países del Norte. Y el cambio climático, a pesar del cese de las manifestaciones de „Friday for Future“, sigue siendo la espada de damocles que pende sobre nuestras vidas. Covid 19 es una oportunidad y una amenanaza al mismo tiempo. Muestra lo más débil de nosotros: nuestra fragilidad y la certeza de que no podemos seguir viviendo, trabajando, sintiendo y haciendo política como hasta ahora. En nuestros microcrosmos seguimos intentando hacer las mismas cosas que antes: viajar en nuestros pensamientos, recorrer antes de dormir el mapa de los lugares y países que hemos visitados. Hablamos por videoconferencias con nuestros amigos, nuestras familias y nuestros companeros de trabajo. y cada rayo de sol que sentimos en nuestro balcón, nos hace sentir que somos algo más que nosotros mismos. En nuestros micromundos recreamos nuestra vida anterior y a la vez Pensamos en los que haremos por primera vez cuando todo ésto haya pasado.

Begona Prieto Peral